La OEA es el principal organismo internacional de América, y se la toma como un objeto de diversión. La tragedia es que y eso no tiene nada de cómico, incluso considerando su inoperancia. En su agonía, el régimen castrista se niega a aceptar la invitación que les han extendido para reingresar a la OEA. Probablemente, también piensan que con su membrecía la institución perdería la seriedad que le queda.
Con dudosa imaginación, los gobiernos americanos han construido una artificiosa y ambigua excepción, para que Raúl Castro pueda participar en la sede de la OEA. En otra asamblea de la OEA, los cancilleres del continente se habían comprometido a excluir de sus organismos a los gobiernos que no practicaran la democracia ni los derechos humanos. La OEA es milagrosa: legitima sus prácticas opresivas y la miseria que por medio siglo ha impuesto en la isla. La OEA ha recibido permanentemente las más variadas críticas por su ineficacia. Fidel Castro la calificó como prostíbulo regentado por el imperio de Estados Unidos. Otros han ironizado, calificándola como un mausoleo de la unidad interamericana, a cargo de una burocracia financiada por Estados Unidos
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